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Alejandra nos cuenta:

«El destino de las aves migratorias siempre me ha fascinado, el modo en que suelen retornar de forma cíclica a los lugares donde han estado. Su comportamiento obedece a su instinto de supervivencia: Cuando un hábitat deja de suministrarle las condiciones mínimas necesarias para su vida, vuelan a nuevos parajes donde puedan encontrar aquello que perdieron y necesitan. En mi antigua casa solían llegar muchas aves, que a lo largo del tiempo nos dimos cuenta que nuestro jardín les servía para anidar en ciertas épocas específicas del año. Ya formaban parte de eso que llamamos hogar, al verlas nos alegrábamos y mostrábamos señales de bienvenida, sin importar si para ellas eso significaba algo. Solo el hecho de escogernos como paraje nos parecía fascinante y aprovechábamos su estadía para disfrutar su trinar y su vistoso plumaje.

En este corto período migratorio, que promete ser bastante largo, no dejo de recordar a esas lindas aves. Hacer nido en un lugar nuevo supone tantos cambios que por ahora no imagino cómo sería hacerlo una, dos o tres veces al año. Y es que volar con tus pichones lejos de lo que has conocido durante tantos años como hogar, donde dejas a seres que amas y que forman una parte estructurante de tu vida, ha resultado todo un desafío que recién comenzamos a enfrentar.

La migración comienza desde el primer momento que te planteas la idea de irte, de buscar nuevos horizontes. Ya desde ese momento, se inician decisiones importantes como familia, pensar hacia dónde, qué lugar ofrece mayores posibilidades de crecimiento familiar y profesional. Cuando la familia tiene hijos debe tener en cuenta el tipo de educación del país, cronograma académico, nivel académico que hay en el país “promesa” Así mismo, todo lo relacionado con el sistema de salud vigente, que suele cambiar de acuerdo al destino elegido. Y, por supuesto, evaluar con detalle las posibilidades de mantenerse económicamente, de modo que el proyecto se pueda sostener en el tiempo.
Los procesos de despedida no son sencillos, suponen una ardua preparación emocional para sobrellevar los múltiples duelos que implica separarse de lo querido. En nuestro caso, como el de tantas otras (miles) familias venezolanas que han migrado, sentíamos que era mucho lo que estábamos perdiendo al seguir en Venezuela. Los duelos se activaron hace tanto tiempo… Acciones tan simples como salir a pasear a un parque o caminar con tranquilidad por las calles de tu barrio, comenzaron a extinguirse, todo resultaba amenazante. Progresivamente desaparecieron los alimentos y las medicinas. Cuando te vas así, se repara poco en las despedidas, se piensa poco en lo que se deja. Salir implica cierta salvación que anhelas y por ende te sientes a salvo.

Después del salto, todo es distinto. La calma te permite mirar tu pasado (que a la vez es tu presente), mirar hacia adentro, todo aquello que se quedó y extrañas. Los olores, los caminos, los sonidos, la gente. Cada cosa tiene un significado de lo que son como familia, como personas. La historia se escribe a partir de esos pequeños detalles que dejan los afectos en el día a día. Los recuerdos tejen una red invisible que entrelaza a todos los miembros de la familia, generan un lazo común a través de relatos y códigos compartidos que dan continuidad al antes y al después.

Al darle voz a estos recuerdos logramos hacer patentes nuestras raíces, sin que esto interfiera con la apertura a nuevas experiencias. A partir de ellos edificamos quiénes somos y eso nos da la base para iniciar una gran aventura donde encontraremos nuevos amores, olores, caminos y sabores. Así como esas lindas aves migratorias, iremos construyendo hogar a nuestro paso, porque el hogar se lleva adentro, en el corazón: Justo allí donde guardas lo querido.»

Fuente de contenido e imagen: Alejandra Sapene Chapellín

Fuente: Lic. Alejandra Sapene

Alejandra es mamá dos, una de 7 años y uno de 2 años. De su formación académica se puede destacar: graduada en Psicología en la UCAB-Venezuela (2001), cuenta con una Especialización en Psicología Clínica Comunitaria en la UCAB-Venezuela (2008), obtuvo un Diplomado de Psicoterapia de Niños y Adolescentes en Sociedad Psicoanalítica de Caracas (2010). Además, tiene más de 10 años de experiencia desarrollando su profesión en el ámbito educativo universitario (UCAB-Venezuela) y de consulta privada, se ha destacado como Especialista en el área de Clínica Comunitaria  y como miembro Asociado de Cecodap (Venezuela).

Actualmente está residenciada fuera de Venezuela y  presta asesorías o apoyo psicológico online a través de: alejandrasapene@yahoo.es y  sykpe: alesapene. La puedes seguir por twitter: @asapene y @enelbosqueblog.

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