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En redes sociales hace un par de meses conocí a Isabel, una mamá que lleva la cuenta @maminspirada, compartiendo temas de maternidad desde una perspectiva positiva, además es abogada y me ha permitido compartir su experiencia, aquí se las presento:

«Me llamo Isabel Lara Campos, soy abogada y mamá de Natalia y Juan Fernando de 5 y 2 años respectivamente. Trabajo desde casa ejerciendo mi profesión y aunque no es tarea sencilla, se puede lograr.

Recuerdo que mi papá me dijo que ser abogada sería una profesión ideal para mí, pues cuando tuviera hijos iba a poder dedicarme a ellos y seguir trabajando. En ese momento, con apenas 17 años no me imaginaba teniendo hijos, pero si trabajando a tiempo completo en lo que era la extinta Corte Suprema de Justicia, y me dio igual su consejo. Sin embargo, hoy por hoy, solo puedo darle la razón porque desde que mi hija Natalia tenía 10 meses comencé a trabajar por mi cuenta.

Este cambio no fue fácil para mí, ya que toda mi vida profesional estuve trabajando tanto en empresas privadas como en organismos públicos desempeñando puestos de responsabiidad, y aunque con la llegada de Natalia pretendí continuar ese ritmo de vida, no pude hacerlo por muchas razones, una de ellas es que no podía estar en una oficina pendiente si me llamaban de la guardería por cualquier cosa, me era difícil concentrarme, la verdad.

Así que, con total y absoluto apoyo de mi esposo, decidí trabajar por mi cuenta para compartir tiempo con mi hija (ahora también con mi hijito). Tuve la dicha de encontrarme con un colega que entiende a la perfección mi rol de madre, y prácticamente trabajo a distancia con él en la elaboración de documentos y escritos diversos (es una suerte de teletrabajo legal).

Por supuesto, me ha tocado ir a tribunales y a reuniones de trabajo con mi hija Natalia (Juan Fernando todavía está muy pequeño para acompañarme), pero me ha servido para unirme a ella y así poder mostrarle con orgullo en qué trabaja su mamá.

Sin embargo, no es pan comido. Trabajar desde casa, no solo ejerciendo como abogada, sino cualquier otra profesión requiere de mucha organización, disciplina y manejo del tiempo. Yo aun después de 5 años no lo he logrado del todo, pero voy implementando mis métodos para tratar de alcanzar el balance, me levanto a las 4:00 am para adelantar trabajo (no recomendado para noctámbulas). Por ejemplo, mientras escribo ésta información, tengo pendiente un documento urgente para mañana, pero sé que levantándome a las 4:00 am podré adelantar algo, antes de la hora para preparar a los niños para ir al colegio, que me absorba por completo.

Ahora bien, debo confesar que con niños chiquitos a veces es complejo no tener un ingreso económico fijo o un tiempo para estar a solas y trabajar con tranquilidad totalmente concentrada sin estar pendiente del almuerzo, o de tener que interrumpir el trabajo para revisar que están haciendo los pequeños, pero es algo que se resuelve sobre la marcha, pienso que todo es cuestión de saber organizarse y mantener una rutina, lo más estricta posible aunque como madres sabemos que es difícil.

De igual manera, trabajar desde casa implica que ya no tienes reposos ni “días libres” como tal, ni siquiera un horario normal de trabajo, cualquier hora es buena para adelantar ese documento pendiente. Trabajé hasta el día antes de que naciera Juan Fernando y me salieron unos casos legales a los 15 días de haber nacido, así que no tuve un reposo pre y post natal propiamente dichos y han sido muchos los sábados que los niños se quedan a cargo de su papá mientras yo trabajo.

Pero, a pesar que lo anterior puede sonar a una historia terrorífica, no lo cambio por nada del mundo. Si hoy me ofrecieran un puesto como Consultora Jurídica de una empresa o un organismo público lo rechazaría sin dudarlo, porque ser abogada de libre ejercicio me da precisamente libertad de acción para distribuir mi tiempo con mis hijos y mi familia. Ya no tengo que pedir permiso para asistir a las actividades del Día de la Madre o el acto de fin de curso, simplemente me organizo para tener mi trabajo al día y poder ir, tal como dice el comercial de la tarjeta de crédito (un cliché muy verdadero): eso no tiene precio

Fuente de contenido e imagen: Isabel Lara Campos

Les invito a conocer un poco más de Isabel en su blog: maminspirada.com,  además puedes seguirle por redes sociales: en twiter @maminspirada, en facebook maminspirada y en instagram @maminspirada

 

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