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Los padres de la llamada generación X en su mayoría tenemos hijos nativos digitales, es decir nuestros hijos nacieron en la era digital no conocen lo que es un teléfono de “ruedita” y mucho menos conciben que una persona pueda vivir sin un teléfono celular o sin redes sociales, ellos tienen una facilidad innata para manejar las nuevas tecnologías, cosa que a nosotros nos cuesta más, pero en el fondo hay algo en común entre padres e hijos nativos o migrantes digitales y es el consumo de la información proveniente de la internet y de los medios 2.0.

Anteriormente existía, si de alguna manera puede llamarse, la monopolización de la información. Hoy día es muy fácil acceder a muchos más contenidos y al momento en que se generan los mismos, es decir la noticia que ocurre, podemos conocerla al momento, bien sea a través de twitter, facebook, snapchat, instagram, whatsapp…, en fin una innumerable cantidad de redes sociales (se calcula que todas las semanas aparece una nueva red social) pero aunque esto tiene un aspecto muy positivo, sobre todo en un país donde existen dificultades para tener acceso a la información, tiene una parte que merece nuestro cuidado y atención que es “la certeza y las consecuencias de la divulgación de la información”.

A diario nos llegan como seguro a muchos padres a las cuentas de redes sociales y en los chat de amigos, colegios, urbanizaciones, comunidades; diferentes mensajes. Muchos de ellos los que denominamos “cadenas” en las cuales se transmite numeroso contenido con datos, nombres e incluso cédulas de personas que aseguran que tal o cual cosa es cierta. Estos datos viajan por las redes en cuestiones de horas, minutos y segundos, convirtiéndose en una matriz de opinión o en tendencias, nos hemos conseguido con que mucha de esa información es falsa, pero lo más delicado es que en algunos casos afecta a niños, niñas y adolescentes, se envían datos sobre colegios, lugares, locales o sobre personas que han sido víctimas o victimarios de un delito, y casi de manera automática copiamos ese mensaje y lo reenviamos a todos nuestros contactos sin pensar que quizá podamos estar afectando la reputación e intimidad de esas personas, que tal vez esta información es falsa, es decir no somos objetivos en el manejo de la información y nos hacemos participes en la afectación a una persona sin siquiera conocerla.

Es importante saber que “lo que se sube a internet queda allí” no desaparece, las fotos cuando son subidas en algunas redes sociales quedan y aunque sean eliminadas no puedes sacarlas de ese espacio “de la internet”.

Cuando divulgamos datos e informaciones de un niño, niñas o adolescente por las redes sociales que permitan la identificación directa o indirecta de los mismos como sujetos activos o pasivos en un hecho punible estamos incurriendo en una violación de la confidencialidad, establecida en el Artículo 227 de la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, de igual manera afectando la reputación y la vida familiar de ese niño. En este mismo orden de ideas debemos tener presente la existencia de la Ley Especial Contra los Delitos Informáticos publicada en Gaceta Oficial N° 37313 de fecha 30 de Octubre de 2001, la cual según su articulado tiene por objeto la protección integral de los sistemas que utilicen tecnologías de información, así como la prevención y sanción de los delitos cometidos contra tales sistemas o cualquiera de sus componentes o los cometidos mediante el uso de dichas tecnologías. Estos instrumentos jurídicos contemplan sanciones para delitos y faltas en las cuales podemos incurrir por su desconocimiento, por ello es necesario reflexionar sobre el envió de información indiscriminada, analizar a través de un criterio objetivo el contenido que reenviamos mediante cadenas, mensajes, chats, post, entre otros, y las consecuencias que esto puede tener en las otras personas y en nosotros mismos.

La internet y los medios 2.0, 3.0, las redes sociales, son un fenómeno que llegó para quedarse, una herramienta necesaria, vital, nuestra recomendación a los padres y representantes es educarnos más en el uso de las mismas, como aprendemos a leer, sumar y restar, también hay que aprender a usar las tecnologías y comunicaciones para que podamos protegernos y proteger a nuestros hijos, saber que datos colocamos en nuestros perfiles, bloquear el acceso de cualquier persona a nuestras cuentas, enseñarle a nuestros hijos a solo admitir como amigos a aquellas personas que realmente conozcan, herramientas básicas e indispensables para lo protección de nuestro más preciado tesoro “nuestros chiquiticos”.

Fuente: Abogada Gloriana Faría de Rodríguez.

Gloriana es mamá de un pequeña niña. Actualmente, es presidenta del Consejo Municipal de Derechos de los niños, niñas y adolescentes del Municipio Chacao (Caracas-Venezuela).

 

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