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El ser humano fue diseñado para andar descalzo, como producto del desarrollo y convivencia social nos vimos en la obligación entre otras cosas de calzarnos. Si observamos en algunas comunidades indígenas, evidenciaremos que sus integrantes no usan calzado alguno, el contínuo roce de la planta del pie sobre la superficie del piso conlleva al engrosamiento de la piel tornándose ésta más gruesa y así logra disipar temperatura y abolir el dolor, en otras palabras este engrosamiento de la piel denominada heperqueratosis o callo actuaría como una suela, un elemento que compone al calzado.

Dependiendo de la etapa de vida o del desarrollo del ser humano y después del nacimiento podríamos señalar características ideales del calzado a emplear, de tal manera que al nacer es normal que el niño tenga aparentemente un pie plano, la apariencia está dada por abundante grasa ubicada en la planta del pie, que irá desapareciendo en la medida que el niño crezca hasta la edad de 2 años.

Durante los primeros meses de vida lo ideal es el uso de calcetines y si hay que emplear calzado estos deben ser sin suela, a partir de los 10 meses de edad debemos preparar el pie del niño para el gateo y para ir poniéndose de pie, por lo que se aconsejan zapatos de puntas redondas, resistentes a fin de proteger los dedos de golpes o roceduras.

El calzado debe de tener la característica de piel o tela suave, suela flexible, y ser liviano. Se debe de evitar el empleo de hebillas, ya que podrán causar erosiones en el dorso del pie o dolor. El calzado antes de los 2 años de edad tendrá la función exclusiva de protección contra el frío, la humedad y los golpes, además se recomienda un calcetín de lana o de algodón para mayor comodidad.

Al comenzar la marcha se recomienda el uso de un calzado bien reforzado en la parte posterior (contrafuerte) y en las partes laterales (enfranque) a fin de estabilizar y dar mejor alineación del tobillo. La suela preferiblemente debe ser anti resbalante, no muy gruesa y flexible. Es importante que el cierre del zapato sea con el empleo de trenzas o velcro, lo cual asegura una buena sujeción del pie.

El calzado debe ser resistente, moldeable y duradero (claro está todo depende de la calidad del material con que están elaborados). Debe ser cómodo, a la medida y que se adapte a la forma del pie y no al revés, con punta ancha o redondeada en las zonas de los dedos y no debe poseer costuras en su interior.

El término «FLAT» muy empleado entre los ortopedistas se refiere a que el calzado sea Flexible, Liviano, Ancho y Plano (sin tacón). A partir de los 2 años de edad, si el paciente no es activo, es decir, no hace ejercicios, deportes y/o presenta sobrepeso puede que desarrolle entre otras cosas deformidades angulares de miembros inferiores, pie plano, existiendo la posibilidad del empleo de calzado ortopédico, su indicación es motivo de discusión entre ortopedistas ya que unos hablan a favor y otros en contra en lo que a uso se refiere.

Para finalizar es importante al comprar calzado que la suela sea rugosa (anti resbalante), observar al niño durante la marcha y constatar que al usar el zapato sienta confort.

Fuente: Dr. José Antonio Medina Bereciartu

Dr. José Antonio Medina Bereciartu es Traumatólogo-Ortopedista para Niños y Adultos, de su formación se puede resaltar: se graduó de Médico Cirujano en 1985 en la UCV (Caracas, Venezuela), luego realiza Curso Medio de Salud Pública Mención Administración de Hospitales en la Facultad de Medicina de la Escuela de Salud Pública de la UCV (Caracas, Venezuela) para el año 1987 y desarrolló sus estudios de Postgrado de Cirugía Ortopédica y Traumatología en el Hospital San Juan de Dios (Caracas, Venezuela) en 1990. Además, posee innumerables cursos y actualizaciones. Visita nuestro Directorio para visualizar sus datos de contacto.

 

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