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Aquí les traigo unas breves anécdotas muy particulares, de una mamá que nació en pleno trópico y cómo es ahora su época de invierno y navidad:

«Como muchos ya saben soy mitad venezolana, mitad húngara, pero cuando digo mitad quiero decir que nací y crecí en el tropical clima de la ciudad de Caracas y gracias a mi padre llevo 50% de sangre húngara. Dicho de otro modo: yo del invierno sabía que era muy frío, que la gente patina en los lagos congelados (bastante peligroso, por cierto), que se toma mucho té, que la moda de temporada se ve genial en las revistas y que la Navidad (según las películas americanas) es mejor cuando es blanca y con villancicos.

Los primeros años de nevadas, heladas, ventiscas y vivir en condiciones climáticas inclementes me parecieron una cosa hermosa, casi poética. Podría decirse que estaba feliz por vivir en carne propia lo que había escuchado de boca de la abuela durante la infancia y poder recrear con mis propias manos las escenas de peleas con bolas de nieve que había visto toda mi vida en las pelis navideñas gringas.

Ahora, después de más de 5 años viviendo en Europa, el invierno ha dejado de ser novedad y desde que me convertí en madre y me toca vestir a una rebelde criaturita que se resiste con todas sus fuerzas a ser convertida en muñeca Michelin, mi opinión sobre el invierno ha cambiado radicalmente. Mientras más inviernos pasan más me convenzo de que en su momento alguien (muy inteligente o muy piadoso) decidió poner la Navidad en diciembre para la que gente no se volviera loca con el frío y no migrara a tierras calientes -como hacen los pájaros- hasta que se acabe el invierno.

Y es que si lo piensan tiene lógica, poner la Navidad a mediados de diciembre mantiene a la gente ocupada y feliz durante semanas. Así con mucho cariño le digo a todas mi amigas que me escriben desde países con buen clima y me dicen: «¡Ay qué suerte tienes de tener invierno! ¡Qué bonita debe ser la Navidad con nieve!», «¡Ay qué bonito llevar guantes, abrigo y botas hasta la rodilla!», a todas ellas les digo: Sí, es bonita la nieve, y me encanta el frío, eso sí que es verdad, pero con un bebé el invierno toma dimensiones de amenaza: gripes, resfriados e inconvnientes para salir, además esto de tener que vestir la niña con tres capas de ropa y tratar de meterla en el abrigo tipo traje de astronauta sin ir en contra de su voluntad no es nada fácil.

Desde una ciudad cada vez más fría y al más puro estilo Ricardo III, a lo Shakespeare les digo: ¡Mi Reino por una Navidad tropical! Felices fiestas a todas y todos, disfruten del clima que tengan sea cual sea, la felicidad está en cada uno de nosotros.»

Fuente: Beatriz

Imagen: Dreamstime.com

Beatriz es una mamá muy especial, mejor conocida por twitter como @Madrexilio, te invito a visitar su blog mamaexpatriada.com, donde podrán leer muchas vivencias con las que se podrán identificar, sobre todo si están residenciados actualmente fuera de su país de origen.

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