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Irene nos cuenta:

Vivir en un país (¡y en un mundo!) de realidad política, económica y social cambiante, requiere tener conciencia de la influencia de las noticias sobre el clima de crianza en nuestros hogares. Estamos recibiendo muchas familias “cargadas” de ansiedad y miedos, que terminan impactando el comportamiento de cada uno de sus miembros. Mamás tristes, papás irritables, niños que no duermen bien, que han retrocedido en sus temores infantiles más tempranos, que se comen las uñas.

¿Cuándo y cómo debemos administrarnos, como mamás y papás, la información que consumimos en periódicos, medios digitales y redes sociales?

Lo primero que hay que saber es que la ansiedad es una combinación de inquietud, impaciencia, alarma y sobre todo, incertidumbre y miedo frente a lo posible. La ansiedad es una respuesta humana que se activa ante aquello que les sucede a otros y que pensamos, pudiera sucedernos también.

Hasta cierto punto, es una reacción perfectamente normal que nos ayuda a adaptarnos a nuestro entorno: Nos obliga a tomar decisiones, buscar soluciones y fuentes de bienestar que compensen el impacto de todo aquello que sucede alrededor.

Sin embargo, también hay que saber que los síntomas de ansiedad se pueden volver difíciles de manejar y pueden interferir en nuestras actividades cotidianas. La ansiedad no debe ser un estado permanente o convertirse en, lo que algunos expertos llaman, un espiral en continuo aumento, hasta niveles muy dañinos para nuestra vida emocional.

¿Qué tanto podemos hacer?

La ansiedad se genera, sostiene e incrementa a través del contacto directo, permanente y «sin filtros» con información preocupante. A más variedad y mayor cantidad de contenido, imágenes y opiniones, más incertidumbre. Así que podemos poner en práctica algunas medidas simples para evitar vivir y criar en un clima ansiógeno:

  • Escojan las fuentes que consumen para mantenerse al día. Seleccionen medios informativos respetuosos, de tono propositivo, que eviten el exceso de fotos fuertes y crudas. No para negar o reprimir el miedo, sino para que les permitan tomar conciencia acerca de sus fortalezas familiares y vías de salida, frente a lo difícil. Hay una línea muy fina entre comunicar de manera fidedigna y ser amarillistas. Ustedes pueden tener conciencia y control sobre ello
  • Seleccionen bien los momentos y la compañía para ver noticias
  • Dediquen un tiempo fijo a actualizarse, preferiblemente durante la mañana y sin niños pequeños al lado. Restrinjan el tiempo de conexión. Que el celular o dispositivos queden lejos del almuerzo (o la cena) y que ello permita conectarnos con nuestros hijos. No terminen sacrificando tiempos de encuentro con los más pequeños y seres queridos: «Mi mamá no suelta el teléfono. Ya ni nos hace caso» (11 años). Obsérvense
  • No olviden: La noche es para hacer inventario de los logros y aprendizajes. Para encontrarte con tus afectos. Para conectar con la calma
  • Finalmente, el consejo obligado: Hagan el esfuerzo consciente. Introduzcan pequeños cambios en su rutina. Aprovechen el fin de semana para disfrutar placeres sencillos. Pero, si aun así, sienten que la ansiedad y el miedo les desbordan y le impiden el descanso, busquen ayuda con un especialista

Fuente de contenido: Irene Ladrón de Guevara

Irene Ladrón de Guevara es mamá de dos, Licenciada en Psicología Escolar por la Universidad Central de Venezuela y Magister Scientiarum en Psicología del Desarrollo Humano, por la misma universidad. Tiene más de 20 años de experiencia en diseño y ejecución de recursos y programas para el mejoramiento de la enseñanza, atención a familias y servicios de salud integral en organizaciones sin fines de lucro, y un título de Experto Universitario en Responsabilidad Social en la UNED (España).

En twitter e instagram puedes encontrarla como: @infanciaenmas. Puedes ubicar sus datos en nuestro Directorio.

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