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Las mamás queremos que nuestros hijos tengan un excelente futuro, que logren todo lo que se propongan, que sean exitosos… simplemente que sean felices.

Cuando nuestros hijos son chiquiticos primero queremos que hagan muchas cosas, pero también especialmente si somos primerizas nos angustia cuando poco a poco van adquiriendo cierta autonomía, porque sentimos que están pequeños y no van a poder hacer bien las acciones más sencillas, por eso estamos encima y muchas veces las hacemos por ellos.

Hay algunas mamás inclusive que tendemos a ser más sobreprotectoras que otras y sin darnos cuenta podemos cuartar en cierta medida los logros que van alcanzando nuestros hijos.

Esta semana fui a la consulta con el Neuropediatra de mi hijo mayor que tiene 3 años y medio, allí le expuse mi inquietud sobre sus estudios, él tiene trastornos del desarrollo y actualmente está en un colegio regular en el primer nivel de preescolar, pero no sé si ya cuando inicie su primaria deba asistir a alguna institución que apoye a niños con estos problemas.

En cuanto le comenté al Doctor, me dijo de una forma super cálida que entendía me preocupación, que gracias a Dios el niño a evolucionado de una forma muy positiva y que si ha logrado tanto, quienes somos nosotros (padres, médicos y educadores) para decir qué va a poder lograr y qué no, me comentó que piensa que mientras le pongamos más retos a nuestros niños ellos tienen la posibilidad de esforzarse y demostrarnos que son capaces de alcanzar muchas cosas.

Fue una conversación de apenas un par de minutos la que sostuve con este especialista, pero realmente fue emocionante y sus palabras además de llenarme de tanto entusiasmo, me hicieron reflexionar…

Y es verdad, muchas veces por el cariño que le tenemos a nuestros tesoritos tratamos de mantenerlos en una burbuja, deseamos que no sufran, que no tengan inconvenientes, no les exponemos a circunstancias que puedan ser desafiantes por temor a que no logren sobrellevarlas… sin darnos cuenta que ellos son seres que están ávidos de aprender y de hacer mucho por sí solos, aun cuando tengan una corta edad.

En este último año y medio he conocido en los centros donde asisto para las terapias de mi hijo mayor a niños que tienen serios problemas de salud y desarrollo, he estado presente mientras crecen y sobre todo cuando han ido superando obstáculos, son milagros habitando nuestro planeta, como es el caso de mi querido hijo mayor… y luego de esa conversación que les estoy relatando pensé en ellos, en los que no podían caminar y ahora ya pueden ponerse de pie y seguramente podrán caminar, en los que no pueden ver y han desarrollado muchísimo sus otros sentidos, en los que no podían hablar y ya comienzan a decir alguna palabra… son tantos y tantas las cosas que van alcanzando, que nada es pequeño ni poco relevante cuando se trata de lo que ya pueden hacer…

Creo que es cierto, nuestros hijos sí pueden volar, pueden hacer muchas cosas y en particular cuando tienen alguna condición especial tenemos el temor que no puedan hacerlas como nosotros sus padres, pero a fin de cuentas, si las logran de otra forma esto también es válido, no tenemos que realizar todo de la misma manera y nuestras metas no tienen que ser las de nuestros pequeños…

Por eso es importante confiar y creer infinitamente en nuestros hijos, es difícil ver cuando algo les cuesta, pero les garantizo que no hay nada mejor que estar con ellos cuando lo logran, en el grado que pueden y lo hacen no según nuestras expectativas sino en base a sus realidades…

Mi hijo mayor siempre me dice que él quiere volar… siempre le he dicho que no puede, que los niños caminan, corren, saltan pero que no pueden volar, ahora luego de la cita de este mes con su Neuropediatra le digo que cuando sea grande de pronto puede ser astronauta y logrará volar… claro, sigo diciéndole que cuando duerme puede soñar que vuela como los pajaritos que ve en la mañanas…

Cómo me encantaría transmitirles el optimismo que siento ahora a través de estas palabras, porque es normal preocuparnos por el desarrollo de nuestros hijos, es algo que nace en nosotras desde que nos convertimos en mamás y es un sentimiento que nos acompañará aunque ellos sean adultos, pero también es bueno darles el beneficio de demostrarnos que sí pueden, a su ritmo, materializar sus sueños…

Recuerden: siempre será mejor decir mi hijo se esforzó pero no obtuvo el resultado que esperaba, a tener que pensar qué hubiese pasado si lo intentaba, ¿será que lo lograba?

Lislet de Ponte

Caracas. Venezuela

ldeponte@mischiquiticos.com

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